jueves, 15 de agosto de 2013

TALLER BE LITERATURE 3: Salvada por el amor

Basándome en las inspiraciones:



Y la canción:


Y ah! Antes de presentar el relato he de decir que gracias a los comentarios sinceros, en su parte buena y en la mala; ya que esas criticas que sinceramente algunas duelen, pero son las que me permiten el intento y las ganas también, de mejorar, de seguir escribiendo, que algunos lo harán mejor, peor, es discutible, cada uno tiene su forma de escribir y eso es lo que marca a cada autor y lo hace de alguna forma "especial", y que la conclusión es esa: las criticas, están ahí no para humillar, no no! ni para infravalorar, que va! sino para MEJORAR.
Y que no estamos ni para hundirnos, sino para motivarnos y ayudarnos :)
Y después de este homenaje a las criticas y perdonad por no contestar a las criticas del anterior, que para mi es tan importante como leer y comentar vuestras entradas lo que el tiempo me permite, como a todos, pero es que terminé odiando ese relato, porque me causó una pequeña crisis de celos en mi relación y lo pasé algo mal...pero ahora está arreglado, aunque sigue siendo a veces complicado, bonito y maravilloso, y de nuevo complicado, me callo de una vez (dejó de escribir, mejor dicho) y aquí dejó mi relato :). Espero que os guste.



                                                   SALVADA POR EL AMOR


Melisa era una de esas chicas: tímidas, solitarias y tristes, pero era bella al mismo tiempo. Una belleza de la que no se daba cuenta que disponía, la cual, años más tarde, se convertiría en su escudo.
Melisa un día se prometió que jamás sería como ellas, esas arrogantes, estúpidas y creídas chicas que merodeaban a su alrededor con sonrisas burlonas y miradas acusadoras, que decían: “tú eres una friki, yo soy la mejor, mejor que tú”, o algo semejante y de tal soberbia.

Pero nunca puedes decir “de esta agua no beberé”, porque en el caso de Melisa, su vida dio un drástico giro, altamente vertiginoso y de caída libre y sin cuerdas; un giro de 180º que supuso un siniestro accidente que terminó con la vida de sus padres. 
Melisa pero; salió indemne, con solo secuelas de una persistente amnesia que la acompañó desde entonces además de una oscuridad mental.

Y Melisa entonces cambió.
Ella, la chica que antes había sido, ahora sucumbía a los brazos del demonio, cual malévolo ser la arrastró al infierno, rodeando con sus manos y garras el débil corazón de la chica, apretujandolo con la misma ira con la que ella se debatía, llevándose su alma al limbo, cerca de las puertas del subsuelo; pues solo su cuerpo sin alma se arrastraba por ese lugar llameante, siendo el mismo demonio.
Una diablilla presumida, pedante, estúpida y engreída.
Era otra persona, o al menos eso decían cuales la conocían; desde familares y amigos, hasta sus propios profesores.
Esa chica no era Melisa.

Todo siguió así, sin cambio ni vuelta atrás, estancada en su YO nuevo, sin poder tirar hacia delante, cegada por la rabia, pasando tiempo, mucho tiempo, sin pasar por otras fases, atrapada en la ira, culpando al mundo y a sus gentes, odiándose a ella misma por no haber muerto; aunque esa era su forma de morir: ser otra.
Otra que no recordaba.
Nadie podía culparla, tan solo intentar ayudarla, quererla y hasta un chico-y no uno cualquiera-se atrevió a fijarse en ella, incluso a amarla.

Y ese era Marcos, un tipo de mirada dulce, profunda y penetrante, que recitaba poemas y era todo un melancólico.
Melisa se enamoró de todo ello, de él. Marcos se enamoró de una desconocida, que él, conocía muy bien...

“Él es demasiado bueno. Yo soy mala. No le merezco” se decía Melisa, pensando que tal benevolencia no era digna para su maldad.

Pero Melisa no podía evitarlo, en su corazón sintió algo de amor, evaporándose así el odio.
Cuando el la besó, hizo vibrar su alma, devolviéndosela, resurgiendo de ese limbo sin salida, tan solo la del Infierno...y ahora un Cielo.
Y así fué como Melisa perdió la razón, pero también la ira, pasando por las otras fases.

Fases en la que Marcos estuvo, ayudándola, apoyándola, consolándola, para todo. Esa fue la manera como se conocieron, pasando a ser novios oficiales.
¿Que chico soportaba todo eso?
Él la quería demasiado, como ella creía no merecerse.
-Deberías odiarme-.le dijo a Marcos esa tarde después de las clases.
-¿Como voy a perder el tiempo odiándote pudiendo amarte?-.le dijo él en toda respuesta.
-Soy...he sido mala-.rectificó Melisa.-Y no sé por que, pero no me siento cómoda así...yo...yo no se quién soy...-.terminó ella con desesperación.
-Yo si-.le dijo Marcos.-Porque yo te salvé-.le confesó sorprendiéndola, hasta asustandola.
¿Como podía haberla salvado cuando el coche había estado en llamas, sin quemarse, antes de que estallara?, se preguntaba Melisa.
-Soy un Ángel Melisa. Un Ángel Guardián. Tu ángel especialmente. Pero te amo...
Y ahí lo dejó, con las palabras en la boca y llamándolo “mentiroso” a gritos.

En la mente de Melisa estaba él, Marcos y habían retazos, trozos, cachos de recuerdos, de momentos; todos de su vida pasada.
Así fue como descubrió que había roto su promesa de no ser como esas chicas las cuales se habían burlado de ella tiempo atrás.
Así fue como además, descubrió que verdaderamente, como decía Marcos, la salvó.
En su vago recuerdo, veía entre las llamas y el mareo por el humo, como una luz acudía a ella, protegiéndola de ese calor doloroso, pensando por aquel entonces que deliraba e incluso que había muerto.
Pero no fue así, Melisa recordó por fin, montando todos esos cachos de recuerdos como un rompecabezas, el rostro tenue de Marcos y unas alas alzándose, protegiéndola, salvandola, llevándosela lejos del fuego, de la explosión, de la muerte, pero dejándola sola, prefiriendo haber muerto...o no.
Melisa lo pensó bien: debía darle las gracias por salvarla, le necesitaba, le quería, le amaba
Y así fue.

-No quiero que me des las gracias. Ni que me digas que me necesitas. Solo que me amas, tanto como yo te amo a ti, eres mi luz, mi estrella, que digo, eres la luna de mi Cielo-.le dijo él con encantador enojo.
-Mi Ángel, Marcos, deseo repetírtelo: te amo, te amo y te amo. Nunca dejaré de amarte, nunca dejes de amarme. Guíame por el buen camino, no permitas que caiga, contigo estoy salvada.
Y así fue como entonces Melisa se sonrojó, siendo consciente de tales exageradas palabras, percatándose de que era la misma que antes: frágil, su corazón, pero fuerte su armazón, como debía ser.
Aunque se derretía ante él, pues él era su debilidad, así como su fortaleza, reflexionó ella.
Marcos solo pudo quedarse en silencio, riéndose y besándola con la exageración de las palabras de Melisa, mientras Melisa lloraba, reía con él , le besaba... y algo así como la felicidad atreviéndose a llamar a su alma.
Por fin...
Se lo merecía, sin duda ¿verdad?


jueves, 1 de agosto de 2013

Taller de BE LITERATURE 2: Dulce locura

Me he inspirado en la canción de Pink, Funhouse: (más o menos)

 
Y además en esta imagen:
 
 
Y ha salido esto:
 
 
 
DULCE LOCURA:


Divertido, moderno, cool.

Así era él.

Un chico, pero no cualquiera. Mi chico, mi hombre y mi novio. Mi alma gemela.

“Por y para siempre”, ese era nuestro lema, refiriéndose a nosotros dos, a nuestro amor.

 

Nos prometimos amor eterno.

Pero desgraciadamente no fue así.

Él se marchó, y con él también nuestro amor.

Se fue lejos, sin decirme nada, ni siquiera un adiós, ni un: “esto se terminó”.

 
Sin un porque, sin una causa; no sé porque mi gran y verdadero amor se marchitó, dejándome sola al amparo de un mundo grande, demasiado grande para mi, una chica pequeña, poca cosa…

Una Doña Nadie sin él.

Un vacío en mi corazón.

Y mucho dolor.

 

Pero el tiempo pasa,  y aunque los recuerdos quedan, imposibles de borrar, yo los enterré y así le olvidé, evaporándose todo ese maldito dolor.

 
Nació una chica nueva, que supo quererse a ella misma, a estar sola y no depender de nadie.

Y sobretodo a divertirse.


Era verano y las playas estaban repletas de gente, de todas las razas y géneros, además de edades.

A mi me gustaba contemplar un rato a esas desconocidas gentes: sus hablas, sus conductas, todas las diferencias posibles en ese lugar caluroso y soleado, alegre y despreocupado; además de un lugar perfecto para ligar.

 Me dediqué a pescar; aunque no sin antes observar, estudiar detenidamente, y de forma espontánea durante esa observación, toparme con una mirada: una alma libre, joven y atrevida.

Un bombón, un yogurín.

Un bombón de esos tan ricos que te lamerías hasta los dedos.

Un yogurín de esos que lo escurarías hasta dejarlo bien limpio.

Dos de esas cosas que había que aprovechar hasta la última gota; las cuales eran el clímax, el orgasmo, la culminación del placer: lo mejor de lo mejor.

Como una delirante visión febril, un ensueño, un paraíso infernal, por el que él, se acercó.
Corría como un atleta profesional, fornido su cuerpo y envuelto de moreno, de café con un ligero toque de leche, y tan ligeramente azucarado, dulce, embriagador, que resultaba, resultaba oh…algo celestial, a la vez que prohibido; un pecado.


-Hola guapa-.me dijo él con naturalidad.

Su acento era italiano.

“Perfecto” pensé con la libido subiéndome por el cuerpo y provocándome insoportable calor.

-Hola cariño-.le dije yo atrevida.

Nos sonreímos, nuestros ojos cruzándose, los suyos de un color miel  que luego bajaron hasta mis pechos, descubiertos, bronceados y recubiertos con aceite, como el resto de mi cuerpo.

-¿Te hace una cita esta noche, en la playa, fiesta…y tu y yo?-.me propuso.

-Acepto-.le dije simplemente.

 
Esa noche, después de una ligera cena que evitara hacerme quedar como un globo y no poder lucir la camiseta corta -y los shorts aún más-, llamé a dos de mis mejore amigas y les dije:

-Nenas, hoy tenemos sexo asegurado; tengo una cita con un italiano que quita el hipo, y tiene dos amigos que no se quedan cortos, así que vestíos, olvidaros de bragas y a ligar se ha dicho

 Y así fue..

Una noche loca, divertida, propia del siglo XXI: moderna y cool; incluso más que mi ex, sin duda alguna.

Una noche de fiesta, de bebidas alcohólicas, de bailes sensuales, de un final intimo, con chapuzón en esa agua salada, con la luna llena reflejándose en el oscuro mar y gemidos saliendo de nuestras bocas.

Pletórica felicidad.

Juventud, divino tesoro; dieciocho años tenía él, Stefano, un cuerpo de infarto y paquete que te llevaba no solo a las estrellas, sino al universo.

Yo a mis veintidós años, y la locura aún haciéndome cosquillas en las plantas de los pies.

Era genial…

Y es que a falta de amor, que no falte diversión, locura y atracción.