miércoles, 4 de septiembre de 2013

4BL Ni angeles, ni demonios...

Y bueno, después de media semana mala y un fin de semana malita por la maldita gripe, ahí voy!

Inspiraciones:

Imagen:

El vídeo, con su subtitulo, debido a mi regular inglés tirando para mal:


                                           

Lo que ha salido de ello, lago raro raro eh? Pero dentro de su rareza, espero que os guste:)

4º RELATO TALLER BE LITERATURE:
                                                   
                                             Ni angeles, ni demonios...hibridos



Ella quería estar allá donde estaba. En la Tierra, entre el Cielo y el Infierno.
La chica pensaba en la Tierra como un lugar intermedio, un Mundo donde coexistían el Mal y el Bien, juntos, mezclados, confusos, en perfecto equilibrio, solo que a veces uno tiraba más hacia un lugar que otro y las malas tendencias eran siempre castigadas a quienes las cometían, ¿aunque y que había de las buenas?.

Ella era joven, mucho, pero no encontraba en el Bien ninguna recompensa.
Por ejemplo, Luna, como se llamaba la chica, había amado, lo había dado todo por amar a un chico, por el amor, pero al fin, la habían traicionado, roto el corazón y echo mucho daño.
Y entonces luego, había odiado, deseando vengarse de él, de Julio, que ahora tenía otra novia, la cual era mala, una harpía, poseída por un demonio, o eso es lo que al menos parecía.
Había odiado si, pero no se había vengado, sintiendo como el odio que sentía no era más que dolor para ella.

Un dia se hartó de ello, y decidió olvidar, dejar de sentir ese quemante sentimiento que la volvía irritable, de mal temperamento y muy, muy estúpida.
Decidió que volver a amar sería lo correcto, pensando que le era mejor la bondad, pues ella no estaba echa para la maldad.
Pero antes pasó un tiempo, un tiempo en el que su benevolencia aprendió algo: ser buena, pero no tonta, ser una listilla, pero sin ser mala.

No fue tan fácil.
Necesitaba tener las cosas claras, ser sensata con ella misma y además humilde, pero urgentemente necesitó dejar de sentirse insegura, dejar de tartamudear ante la gente y dejar de darle vueltas y vueltas a las cosas, y poco a poco lo consiguió.
Pero fue por el camino que lo aprendió...un camino que quedó trabado por la muerte. Un camino que no pudo seguir.

Luna, con sus quince años cerca de los dieciséis, sufrió un accidente cuando iba en bici de vuelta a casa. Un tonto accidente, ya que ella solía ser patosa y todo fue una sucesión de echos que acabaron con su joven vida.
La cosa fue así: primero se subió a la bici y el manillar empezó a bailarle en las manos, dibujando eses en el suelo mojado, pues llovía y a raudales, y entonces distraída pensando que era lo que le pasaba al manillar, o a sus manos, se dio de bruces con una señal, con tan mala pata que cayó hacía un lado por un precipicio, donde al final había un mar, pero también rocas. Lo llamaban el Acantilado de la Muerte debido a que algunos muchachos y no tan muchachos temerarios se habían tirado por él, terminando con ese final sorpresa: una masacre de la que mejor no entrar en detalles.
Después de eso, se había convertido en un lugar ideal para el suicidio; aunque no era el caso de Luna, lo suyo había sido un accidente, muy penoso, por cierto.
Pero lo mágico, (por no decir paranormal), de esta historia es que no termina aquí.

Luna despertó bajo el mar, asustada, sintiendo que se ahogaba agonicamente, aunque no era más que ansiedad post-morterm, esa que te entra cuando te das cuenta de que tu cuerpo esta por debajo, encima o enfrente del tuyo, en muy mal estado, o solo pálido...o un conjunto de muchas cosas.
El suyo, bueno, que decir, estaba bajo su cuerpo incorpóreo y tenía una gran brecha en la cabeza y...¿eso que se veía entre su mata de pelo rojo era el cerebro?
"Puaj, voy a vomitar" pensó Luna.
Pero no podía. Era un fantasma. Un espíritu. El alma que había contenido su cuerpo. Energía que brillaba con fuerza, una fuerza que ella jamás había creído tener, una fuerza espiritual.
Esperó al Señor del Cielo, pero nunca llegó, o al menos se cansó de esperar y decidió que El Señor del Cielo, o del Infierno-cosa que sería injusta, ya que había sido buena-ya la vendrían a buscar si querían, pues ella prefería su Tierra, y es más, iba a impedir que el Señor o el Demonio se la llevaran a cualquier parte que no fuera la Tierra, aunque tenía curiosidad por saber como eran ambos mundos.

Se paseó por el Mundo, ese en el que había noche y día como bien y maldad. Pero nadie la hacía caso, nadie la veía en realidad y Luna se entristeció, enfureciéndose a medida que pasaba el tiempo y convirtiéndose en un espíritu perturbado.
Fue entonces cuando decidió que era hora de vengarse de todas y cada unas de las personas que la habían echo sufrir.
Empezó por su ex, lo que incluía a su novia, algunas de sus antiguas amigas, bien falsas o roba-novios, y cuando iba a terminar con lo que más quería en el mundo: a su hermana gemela, paró.
Desesperada se preguntó: "¿Que es lo que estoy haciendo?"
Y fue entonces cuando en ese preciso momento aparecieron Dos Señores, uno a cada lado de su menuda alma.
Primero contempló a uno y luego a otro, sintiendo miedo de ambos.
-¿Que eliges, Cielo o Infierno, alma perturbada?-.le dijo el Señor TodoLuminoso.
-Elige el Infierno, pues es lo que merece tu alma manchada-.le dijo el Señor TodoTenebroso.
-Elige el Cielo, pues es lo que merece tu bondad durante la vida.
Luna no eligió ni el Cielo ni el Infierno, miró a Dios preguntándole si le podría concebir un deseo que su bondad merecía y Dios le dijo:
-Te será concebido.
-Quiero quedarme en la Tierra, quiero reencarnarme y poder ser mejor de lo que he sido.

El deseo le fue otorgado, pero antes tuvo el privilegio de visitar el Infierno de la mano del Diablo, y el Cielo de la mano del Dios.
No le gustaron ambos mundos, uno le producía un miedo atroz y el otro le aborrecía más que su insignificante vida humana, que después de muerta, se dio cuenta de todo el significado y valor que tenía vivir, equivocarse y aprender, con la misión, el objetivo de ser mejores.

Ni ángeles, ni demonios, tan solo humanos que llevaban dentro a ambos seres, sintiendo una vez la voz del uno, y la voz del otro, siempre en discordia, así que uno tenía que ser muy fuerte de mente y espíritu para sincronizarlos a ambos, y ella era una espíritu fuerte, ahora lo sabía.

Los humanos tan solo eran híbridos, solo hacia falta mirarse la sombra y observar como se extendían tus alas y como de tu cabeza salían cuernos.

Y así, Luna volvió a nacer, con otro nombre, con otra vida, con otros padres...pero la misma alma.








jueves, 15 de agosto de 2013

TALLER BE LITERATURE 3: Salvada por el amor

Basándome en las inspiraciones:



Y la canción:


Y ah! Antes de presentar el relato he de decir que gracias a los comentarios sinceros, en su parte buena y en la mala; ya que esas criticas que sinceramente algunas duelen, pero son las que me permiten el intento y las ganas también, de mejorar, de seguir escribiendo, que algunos lo harán mejor, peor, es discutible, cada uno tiene su forma de escribir y eso es lo que marca a cada autor y lo hace de alguna forma "especial", y que la conclusión es esa: las criticas, están ahí no para humillar, no no! ni para infravalorar, que va! sino para MEJORAR.
Y que no estamos ni para hundirnos, sino para motivarnos y ayudarnos :)
Y después de este homenaje a las criticas y perdonad por no contestar a las criticas del anterior, que para mi es tan importante como leer y comentar vuestras entradas lo que el tiempo me permite, como a todos, pero es que terminé odiando ese relato, porque me causó una pequeña crisis de celos en mi relación y lo pasé algo mal...pero ahora está arreglado, aunque sigue siendo a veces complicado, bonito y maravilloso, y de nuevo complicado, me callo de una vez (dejó de escribir, mejor dicho) y aquí dejó mi relato :). Espero que os guste.



                                                   SALVADA POR EL AMOR


Melisa era una de esas chicas: tímidas, solitarias y tristes, pero era bella al mismo tiempo. Una belleza de la que no se daba cuenta que disponía, la cual, años más tarde, se convertiría en su escudo.
Melisa un día se prometió que jamás sería como ellas, esas arrogantes, estúpidas y creídas chicas que merodeaban a su alrededor con sonrisas burlonas y miradas acusadoras, que decían: “tú eres una friki, yo soy la mejor, mejor que tú”, o algo semejante y de tal soberbia.

Pero nunca puedes decir “de esta agua no beberé”, porque en el caso de Melisa, su vida dio un drástico giro, altamente vertiginoso y de caída libre y sin cuerdas; un giro de 180º que supuso un siniestro accidente que terminó con la vida de sus padres. 
Melisa pero; salió indemne, con solo secuelas de una persistente amnesia que la acompañó desde entonces además de una oscuridad mental.

Y Melisa entonces cambió.
Ella, la chica que antes había sido, ahora sucumbía a los brazos del demonio, cual malévolo ser la arrastró al infierno, rodeando con sus manos y garras el débil corazón de la chica, apretujandolo con la misma ira con la que ella se debatía, llevándose su alma al limbo, cerca de las puertas del subsuelo; pues solo su cuerpo sin alma se arrastraba por ese lugar llameante, siendo el mismo demonio.
Una diablilla presumida, pedante, estúpida y engreída.
Era otra persona, o al menos eso decían cuales la conocían; desde familares y amigos, hasta sus propios profesores.
Esa chica no era Melisa.

Todo siguió así, sin cambio ni vuelta atrás, estancada en su YO nuevo, sin poder tirar hacia delante, cegada por la rabia, pasando tiempo, mucho tiempo, sin pasar por otras fases, atrapada en la ira, culpando al mundo y a sus gentes, odiándose a ella misma por no haber muerto; aunque esa era su forma de morir: ser otra.
Otra que no recordaba.
Nadie podía culparla, tan solo intentar ayudarla, quererla y hasta un chico-y no uno cualquiera-se atrevió a fijarse en ella, incluso a amarla.

Y ese era Marcos, un tipo de mirada dulce, profunda y penetrante, que recitaba poemas y era todo un melancólico.
Melisa se enamoró de todo ello, de él. Marcos se enamoró de una desconocida, que él, conocía muy bien...

“Él es demasiado bueno. Yo soy mala. No le merezco” se decía Melisa, pensando que tal benevolencia no era digna para su maldad.

Pero Melisa no podía evitarlo, en su corazón sintió algo de amor, evaporándose así el odio.
Cuando el la besó, hizo vibrar su alma, devolviéndosela, resurgiendo de ese limbo sin salida, tan solo la del Infierno...y ahora un Cielo.
Y así fué como Melisa perdió la razón, pero también la ira, pasando por las otras fases.

Fases en la que Marcos estuvo, ayudándola, apoyándola, consolándola, para todo. Esa fue la manera como se conocieron, pasando a ser novios oficiales.
¿Que chico soportaba todo eso?
Él la quería demasiado, como ella creía no merecerse.
-Deberías odiarme-.le dijo a Marcos esa tarde después de las clases.
-¿Como voy a perder el tiempo odiándote pudiendo amarte?-.le dijo él en toda respuesta.
-Soy...he sido mala-.rectificó Melisa.-Y no sé por que, pero no me siento cómoda así...yo...yo no se quién soy...-.terminó ella con desesperación.
-Yo si-.le dijo Marcos.-Porque yo te salvé-.le confesó sorprendiéndola, hasta asustandola.
¿Como podía haberla salvado cuando el coche había estado en llamas, sin quemarse, antes de que estallara?, se preguntaba Melisa.
-Soy un Ángel Melisa. Un Ángel Guardián. Tu ángel especialmente. Pero te amo...
Y ahí lo dejó, con las palabras en la boca y llamándolo “mentiroso” a gritos.

En la mente de Melisa estaba él, Marcos y habían retazos, trozos, cachos de recuerdos, de momentos; todos de su vida pasada.
Así fue como descubrió que había roto su promesa de no ser como esas chicas las cuales se habían burlado de ella tiempo atrás.
Así fue como además, descubrió que verdaderamente, como decía Marcos, la salvó.
En su vago recuerdo, veía entre las llamas y el mareo por el humo, como una luz acudía a ella, protegiéndola de ese calor doloroso, pensando por aquel entonces que deliraba e incluso que había muerto.
Pero no fue así, Melisa recordó por fin, montando todos esos cachos de recuerdos como un rompecabezas, el rostro tenue de Marcos y unas alas alzándose, protegiéndola, salvandola, llevándosela lejos del fuego, de la explosión, de la muerte, pero dejándola sola, prefiriendo haber muerto...o no.
Melisa lo pensó bien: debía darle las gracias por salvarla, le necesitaba, le quería, le amaba
Y así fue.

-No quiero que me des las gracias. Ni que me digas que me necesitas. Solo que me amas, tanto como yo te amo a ti, eres mi luz, mi estrella, que digo, eres la luna de mi Cielo-.le dijo él con encantador enojo.
-Mi Ángel, Marcos, deseo repetírtelo: te amo, te amo y te amo. Nunca dejaré de amarte, nunca dejes de amarme. Guíame por el buen camino, no permitas que caiga, contigo estoy salvada.
Y así fue como entonces Melisa se sonrojó, siendo consciente de tales exageradas palabras, percatándose de que era la misma que antes: frágil, su corazón, pero fuerte su armazón, como debía ser.
Aunque se derretía ante él, pues él era su debilidad, así como su fortaleza, reflexionó ella.
Marcos solo pudo quedarse en silencio, riéndose y besándola con la exageración de las palabras de Melisa, mientras Melisa lloraba, reía con él , le besaba... y algo así como la felicidad atreviéndose a llamar a su alma.
Por fin...
Se lo merecía, sin duda ¿verdad?


jueves, 1 de agosto de 2013

Taller de BE LITERATURE 2: Dulce locura

Me he inspirado en la canción de Pink, Funhouse: (más o menos)

 
Y además en esta imagen:
 
 
Y ha salido esto:
 
 
 
DULCE LOCURA:


Divertido, moderno, cool.

Así era él.

Un chico, pero no cualquiera. Mi chico, mi hombre y mi novio. Mi alma gemela.

“Por y para siempre”, ese era nuestro lema, refiriéndose a nosotros dos, a nuestro amor.

 

Nos prometimos amor eterno.

Pero desgraciadamente no fue así.

Él se marchó, y con él también nuestro amor.

Se fue lejos, sin decirme nada, ni siquiera un adiós, ni un: “esto se terminó”.

 
Sin un porque, sin una causa; no sé porque mi gran y verdadero amor se marchitó, dejándome sola al amparo de un mundo grande, demasiado grande para mi, una chica pequeña, poca cosa…

Una Doña Nadie sin él.

Un vacío en mi corazón.

Y mucho dolor.

 

Pero el tiempo pasa,  y aunque los recuerdos quedan, imposibles de borrar, yo los enterré y así le olvidé, evaporándose todo ese maldito dolor.

 
Nació una chica nueva, que supo quererse a ella misma, a estar sola y no depender de nadie.

Y sobretodo a divertirse.


Era verano y las playas estaban repletas de gente, de todas las razas y géneros, además de edades.

A mi me gustaba contemplar un rato a esas desconocidas gentes: sus hablas, sus conductas, todas las diferencias posibles en ese lugar caluroso y soleado, alegre y despreocupado; además de un lugar perfecto para ligar.

 Me dediqué a pescar; aunque no sin antes observar, estudiar detenidamente, y de forma espontánea durante esa observación, toparme con una mirada: una alma libre, joven y atrevida.

Un bombón, un yogurín.

Un bombón de esos tan ricos que te lamerías hasta los dedos.

Un yogurín de esos que lo escurarías hasta dejarlo bien limpio.

Dos de esas cosas que había que aprovechar hasta la última gota; las cuales eran el clímax, el orgasmo, la culminación del placer: lo mejor de lo mejor.

Como una delirante visión febril, un ensueño, un paraíso infernal, por el que él, se acercó.
Corría como un atleta profesional, fornido su cuerpo y envuelto de moreno, de café con un ligero toque de leche, y tan ligeramente azucarado, dulce, embriagador, que resultaba, resultaba oh…algo celestial, a la vez que prohibido; un pecado.


-Hola guapa-.me dijo él con naturalidad.

Su acento era italiano.

“Perfecto” pensé con la libido subiéndome por el cuerpo y provocándome insoportable calor.

-Hola cariño-.le dije yo atrevida.

Nos sonreímos, nuestros ojos cruzándose, los suyos de un color miel  que luego bajaron hasta mis pechos, descubiertos, bronceados y recubiertos con aceite, como el resto de mi cuerpo.

-¿Te hace una cita esta noche, en la playa, fiesta…y tu y yo?-.me propuso.

-Acepto-.le dije simplemente.

 
Esa noche, después de una ligera cena que evitara hacerme quedar como un globo y no poder lucir la camiseta corta -y los shorts aún más-, llamé a dos de mis mejore amigas y les dije:

-Nenas, hoy tenemos sexo asegurado; tengo una cita con un italiano que quita el hipo, y tiene dos amigos que no se quedan cortos, así que vestíos, olvidaros de bragas y a ligar se ha dicho

 Y así fue..

Una noche loca, divertida, propia del siglo XXI: moderna y cool; incluso más que mi ex, sin duda alguna.

Una noche de fiesta, de bebidas alcohólicas, de bailes sensuales, de un final intimo, con chapuzón en esa agua salada, con la luna llena reflejándose en el oscuro mar y gemidos saliendo de nuestras bocas.

Pletórica felicidad.

Juventud, divino tesoro; dieciocho años tenía él, Stefano, un cuerpo de infarto y paquete que te llevaba no solo a las estrellas, sino al universo.

Yo a mis veintidós años, y la locura aún haciéndome cosquillas en las plantas de los pies.

Era genial…

Y es que a falta de amor, que no falte diversión, locura y atracción.

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 15 de julio de 2013

taller de escritura be literature 1 Mi ángel de la guarda

Inspirándome en:

1. La frase:" Pero tu naciste para la muerte, ¡Oh pájaro inmortal!"
Y 2: La canción Sleepwalker  





Ha salido esto:
(Espero que os guste ;))


                                           Mi ÁNGEL DE LA GUARDA

No tuve tiempo para detenerme y pensar. Si el ángel de la dulce pena acudiría a mi, llevándome a la intemperie del mundo, de un limbo de fiestas en vano y eternas, me iría con él. Me divertiría...
Morir joven y dejar un bonito cadáver. Vivir rápido y morir lento. Era el ángel de la muerte el que se me iba a llevar, lo sabía. A rastras si hacia falta ,así que no iba a estar triste. Porque solo era una pesadilla que estaba acudiendo a mi desde hacia meses y de la cual no podía despertar. En ella, la enfermedad mutaba mi cuerpo en miles de bultos que era incapaz de contar, de cánceres numerables, al menos unos cien; además de metástasis incesantes, que crecían dentro de mi, convirtiéndome en un monstruo, horrible por fuera y tan frágil por dentro, como los cristales de una copa.
Realmente solo era un bulto, uno de esos quistes de grasa, que como un cuerno, me había salido en la frente. Pero ese sueño, siempre le otorgaba a la realidad ese miedo de que fuera cierto. Mi novia me decía en todos ellos: “Pareces un demonio.”
"O un cornudo", pensaba yo.
Y otro cuerno me ponía ella. Ahí la veía, besándose con el ángel de la muerte, con sus cabellos platinos y sus ojos de oro añadiéndose un cuerpo fornido. Entonces, la devoraba con su gran boca, arrastrándola a una muerte segura, calcinada por las llamas celestiales...y yo me miraba, y era translúcido. Un jodido fantasma. Intenté gritar, pero no pude...
Suerte que desperté de esa pesadilla, sueño, lo que fuera. No era real. Solo un enfoque de ella, una proyección del miedo.
Ella estaba a mi lado, tan pálida como siempre, con sus mejillas sonrosadas y el pelo tan oscuro como una noche sin luna ni estrellas.
Era el ángel del amor. Era mi ángel.
Y ella me iba a salvaguardar de la muerte; ese y todos los días de mi vida.
Era un temerario, pero si a algo tenía miedo era a enfermar y dejarla al amparo de un todo demasiado grande para ella, de una nada profunda por la que se caería, en un eterno descender sin fin, buscándome y llorándome.
Ella se querría morir, por mi, pero yo no la dejaría.
¿Y yo, moriría por ella?
No podía hacerle eso, ya que ella no lo querría.
-Solo es una operación, cariño. Todo irá bien-.me habló ella medio dormida, tocándome con su mano, que era como la caricia de una pluma.
-Lo sé, solo tuve una pesadilla.
-La misma de siempre. Duérmete. Que si enfermas de algo, será de amor...y yo seré la culpable.
¿!Oh vaya, se podía enfermar de tal cosa...!?
Era un jodido hipocondríaco.
Pero no me importaría enfermar de amor, de echo, ya lo estaba.
Me volví a dormir, abrazando su cuerpo cálido en un amanecer imperfecto de nubes grises y pájaros
muy animados que cantaban con su alegre piar.
Terminé soñando con cuervos, y el mismo sueño, acudió a mi, mutando en pesadilla.
"Dichoso enfermo mental...como te quiero" me dijo un ángel.
Ese era el ángel de amor. Mi ángel y mi mismo amor. Era ella, salvándome de la pesadilla para convertirla en un sueño.
"Eres mi unicornio, es que no lo ves. Y yo soy la Reina y deseo que me lleves a mi Reino, donde te besaré, te curaré de tu maldición y serás justo lo que eres: un chico con un miedo tremendo a enfermar...y luego, haremos el amor. No hay más fin que ese."
En la realidad, ella me besó la frente, entré en  esa odiosa sala blanca, y enfermeros vestidos de verde me durmieron y me curaron, ella me despertó con un ósculo en los labios...

Y luego, esa noche de tormentas, hicimos el amor, uniéndonos el cántico de nuestros cuerpos al del diluvio celestial.